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lunes, 31 de octubre de 2016

Juanjo en nuestra memoria

Hace tres días se producía el fallecimiento de nuestro querido amigo Juanjo Escribano. Apenas recuerdo cuando coincidimos por primera vez, pero habría que sumar la edad de unos cuantos de nuestros txikioberenistas, para llegar a esa cifra. Una persona que nunca te dejaba indiferente y poco amigo de las medias palabras. Algo raro en estos tiempos. Nos dejamos de ver durante muchos años, durante mi alejamiento del mundo de las 64 casillas y nos volvimos a encontrar en la disputa del primer torneo Castillo de Hondarribia: descubrí que la mordacidad no había decrecido con el paso de los años. Hay personalidades que nunca cambian. Este año no pude asistir a la edición del Torneo hondarribitarra y me quede un tanto desconcertado por su ausencia, presagio de algo que, inevitablemente, ha terminado llegando.
No sé cuantos jugadores navarros le conocieron. Seguro que los que alguna vez han jugado en Andorrra, los que solían jugar los torneos de Cajas de Ahorros y, por supuesto, los que se hubieron acercado a jugar torneos en Donosti.
Me vienen muchas anécdotas a la cabeza, pero, quizás, la que, en estos momentos, me parece que ilustra más claramente su manera de entender las situaciones, siempre con una fuerte socarronería, fue hace un par de ediciones del Castillo de Hondarribia. Varios jugadores que optaban a los primeros puestos le urgían a que cantara la clasificación antes de la última ronda. El Torneo tiene un punto de lúdico y de reencuentro e intenta escapar de la mera competitividad. Pero, ante la insistencia, Juanjo instó a que la gente se sentara a disputar la última ronda y que daría la clasificación. Cuando todos los jugadores ya se habían sentado y reinaba el silencio anunció la clasificación: Urdaibai, Hondarribia, Kaiku, Orio... Simultáneamente a nuestro evento ajedrecístico, se disputaba la clasificación de la Bandera de la Concha: así que una vez dada la clasificación, dio la orden de comenzar la última ronda. Una historia menor, pero que ilustra su manera amable y ligeramente irreverente de solventar los problemas.
Una pérdida irreemplazable. Nuestro sincero pésame y nuestro más fuerte abrazo para los suyos.
Post scriptum: Las fotos están tomadas del blog de nuestros queridos amigos de Hondarribia Marlaxka

2 comentarios:

Gregorio dijo...

Hasta siempre amigo, nunca olvidaremos las rondas de cervezas en las noches de Andorra.

Iñaki dijo...

Creo que, bastantes navarros, entre los que me incluyo, le conocimos en los torneos Villa de Lesaka, disputados entre 1994 y 2003.